Se recupera el crédito a empresas, pero las PyMEs todavía tienen problemas para financiarse

Más allá de los bancos
Después de años de retracción, el financiamiento al sector privado crece y alcanza a una proporción cada vez mayor de empresas. Sin embargo, la Argentina continúa teniendo uno de los sistemas de crédito más reducidos de la región y buena parte del financiamiento PyME sigue concentrado en el corto plazo

Durante muchos años, las empresas argentinas aprendieron a vivir casi sin crédito. Reinversión de utilidades, financiamiento de proveedores, descuento de cheques y capital propio ocuparon muchas veces el lugar que en otras economías corresponde al sistema financiero. La inflación, las tasas de interés, la inestabilidad macroeconómica y la fuerte participación del Estado como demandante de financiamiento contribuyeron a reducir el crédito disponible para el sector privado. Ese escenario comenzó a cambiar hacia 2024, aunque aún resulta insuficiente, en especial para las pequeñas empresas.

Mucho crecimiento desde un piso muy bajo

En ese escenario aparece además una fuente de financiamiento que hasta ahora estaba fuertemente limitada: los dólares depositados en el sistema financiero.

El Gobierno anunció el 13 de agosto una flexibilización parcial de las normas que regulan los préstamos bancarios en moneda extranjera. La modificación permitirá ampliar el universo de empresas que pueden acceder a créditos en dólares, una posibilidad que hasta ahora estaba concentrada principalmente en compañías vinculadas al comercio exterior o con capacidad de generar ingresos en esa moneda.

La medida se limitará a personas jurídicas y no alcanzará a individuos. El Gobierno también aseguró que mantendrá las principales regulaciones prudenciales destinadas a evitar los descalces que en el pasado generó la dolarización del crédito.

El potencial no es menor. Según explicó el ministro de Economía, Luis Caputo, los bancos tienen actualmente alrededor de US$ 24.700 millones prestados en dólares. Por el volumen de depósitos existente y los encajes exigidos, podrían llevar esa cifra hasta unos US$ 30.500 millones. Hay, por lo tanto, una capacidad adicional de financiamiento cercana a US$ 5800 millones que podría canalizarse hacia las empresas.

Construcción y automotrices fueron dos de los sectores mencionados por el Gobierno entre los que venían reclamando una mayor flexibilidad. No es un detalle menor, dado que son actividades con fuerte capacidad de movilizar inversión, proveedores y empleo.

La posibilidad de prestar una mayor proporción de los dólares depositados también toca uno de los problemas históricos del sistema financiero argentino, como es la dificultad para transformar el ahorro en inversión productiva. Durante años, una parte importante del ahorro de los argentinos permaneció dolarizada y, dentro o fuera de los bancos, tuvo una capacidad limitada para convertirse en crédito destinado a empresas.

Si la nueva regulación consigue movilizar parte de esos recursos hacia proyectos productivos, podría ampliar significativamente la oferta de financiamiento. Pero también plantea un desafío: que el crédito en dólares llegue a empresas capaces de administrar adecuadamente el riesgo cambiario. Endeudarse en una moneda diferente de aquella en la que se generan los ingresos puede transformar una tasa inicialmente atractiva en un problema ante una variación importante del tipo de cambio.

Por eso, la expansión del crédito en dólares puede convertirse en una herramienta adicional para financiar inversión, pero difícilmente sustituya la necesidad de construir un mercado profundo de crédito de mediano y largo plazo en pesos.

Se recupera el crédito a empresas, pero las PyMEs todavía tienen problemas para financiarse

Recuperación

El crédito al sector privado viene recuperándose desde los mínimos alcanzados durante 2024 y la mejora también empieza a verse entre las pequeñas y medianas empresas. De acuerdo con el último Informe de Inclusión Financiera del Banco Central, en diciembre de 2025 el 74,6% de las aproximadamente dos millones de MiPyMEs registradas contaba con algún tipo de financiamiento. La proporción había aumentado 2,9 puntos porcentuales en apenas un año y significaba que unas 102.000 empresas se habían incorporado al universo financiado.

También creció la cantidad de dinero prestado. El saldo de financiamiento a las MiPyMEs alcanzó los $ 50,7 billones a precios constantes de diciembre de 2025, un máximo histórico y un aumento real del 32% interanual. Más del 60% de las empresas financiadas tenía un saldo superior al registrado un año antes.

Son cifras importantes para una economía que durante años tuvo al crédito como uno de sus principales cuellos de botella. Pero muestran solamente una parte de la historia.

Mucho crecimiento desde un piso muy bajo

La recuperación reciente convive con una debilidad estructural: la Argentina continúa teniendo un sistema financiero pequeño en relación con el tamaño de su economía.

El propio Banco Central advierte que, pese a la expansión de los últimos meses, el financiamiento a las MiPyMEs representaba a fines de 2025 alrededor del 6% del PBI y seguía siendo bajo en comparación con economías de ingresos medios altos.

La comparación internacional permite dimensionar el problema. El Banco Mundial señala en su último Panorama Económico de América Latina que el crédito al sector privado en la Argentina se encuentra en torno al 15% del PBI y continúa siendo excepcionalmente bajo. Chile, por ejemplo, tiene un volumen de crédito privado cercano al 125% de su producto. Incluso dentro de una región que no se caracteriza por tener sistemas financieros especialmente profundos, la Argentina aparece entre los países con menor desarrollo del crédito.

Por eso, el crecimiento porcentual de los últimos dos años debe ser leído en perspectiva. El crédito puede aumentar rápidamente y, al mismo tiempo, continuar siendo insuficiente para las necesidades de inversión de las empresas.

También importa para qué se utiliza y durante cuánto tiempo está disponible. Una PyME puede necesitar crédito para atravesar algunas semanas entre el pago a sus proveedores y el cobro de sus ventas. Pero también puede necesitarlo para comprar una máquina, automatizar una línea de producción, incorporar tecnología, abrir una planta, desarrollar un nuevo producto o ingresar a un mercado de exportación. Son necesidades muy diferentes.

Durante décadas, buena parte del financiamiento empresario argentino estuvo concentrado en el capital de trabajo y en plazos relativamente cortos. El descuento de cheques, los adelantos en cuenta corriente y el financiamiento de proveedores permitieron mantener funcionando a miles de compañías, pero difícilmente puedan reemplazar un mercado de crédito de mediano y largo plazo.

Esta diferencia es central para pensar el impacto del financiamiento sobre el mercado laboral.

Una empresa que obtiene recursos para cubrir un descalce financiero puede sostener su funcionamiento. Una empresa que consigue financiamiento para invertir puede ampliar su capacidad productiva. Puede comprar equipamiento, incorporar software, aumentar su productividad, abrir nuevos mercados y, en muchos casos, contratar trabajadores.

El acceso al crédito empresario, por lo tanto, también es una discusión sobre inversión, productividad y empleo.

Más allá de los bancos

Otro cambio importante es que hablar de crédito PyME ya no significa hablar exclusivamente de préstamos bancarios. En los últimos años creció un ecosistema de instrumentos que permite a las empresas buscar financiamiento en el mercado de capitales. Los cheques de pago diferido, los pagarés bursátiles, las obligaciones negociables PyME y las Facturas de Crédito Electrónicas permiten obtener recursos por canales diferentes del crédito bancario tradicional.

Las Sociedades de Garantía Recíproca cumplen allí un papel especialmente importante. Al avalar a una pequeña o mediana empresa, permiten reducir el riesgo para quien aporta el dinero y facilitar el acceso de compañías que, por su tamaño o por la falta de garantías suficientes, podrían encontrar dificultades para conseguir financiamiento en condiciones competitivas.

La Comisión Nacional de Valores identifica precisamente a los cheques de pago diferido, pagarés y facturas de crédito electrónicas entre las principales fuentes de financiamiento de las PyMEs en el mercado de capitales.

La Factura de Crédito Electrónica MiPyME ofrece otro ejemplo. Cuando una pequeña empresa vende a una compañía grande y tiene que esperar para cobrar, puede transformar esa factura en un instrumento negociable y anticipar los fondos en el sistema bancario o en el mercado de capitales. De esa manera, una cuenta a cobrar puede convertirse en liquidez antes de su vencimiento.

A estas herramientas se suman fintech, plataformas digitales de financiamiento y nuevos mecanismos de evaluación crediticia que utilizan información sobre ventas, cobranzas y comportamiento financiero. La tecnología puede ayudar especialmente a empresas pequeñas que tradicionalmente tuvieron mayores dificultades para demostrar su capacidad de pago mediante los mecanismos bancarios convencionales.

También hubo cambios regulatorios recientes. En junio pasado, la CNV amplió los mecanismos de autorización automática para emisiones de deuda, acciones y otros instrumentos, eliminando la autorización previa para una gran parte de las operaciones. La intención es reducir costos y tiempos de acceso al mercado, con un impacto potencial particularmente relevante para PyMEs y empresas del sector productivo.

El desafío de financiar el crecimiento

El cambio macroeconómico abre una oportunidad que la Argentina no tuvo durante mucho tiempo. Una economía con menor inflación, mayor previsibilidad y un Estado que necesita menos recursos del sistema financiero puede liberar una mayor cantidad de ahorro hacia las empresas. El Banco Mundial señala precisamente que la consolidación fiscal podría contribuir a que más recursos financieros se orienten al sector privado, aunque advierte que una recuperación sostenida dependerá de la continuidad de la estabilización macroeconómica.

Pero recuperar el crédito perdido es apenas el primer paso. El verdadero salto ocurrirá cuando una proporción creciente de las empresas pueda dejar de pensar el financiamiento solamente como una herramienta para resolver necesidades inmediatas y empiece a utilizarlo para proyectar inversiones a varios años.

Para una PyME, saber que puede financiar una máquina, ampliar una fábrica o incorporar tecnología y devolver ese capital con los ingresos adicionales que generará esa inversión cambia por completo la manera de tomar decisiones. La Argentina necesita empresas que inviertan más, aumenten su productividad, exporten y creen empleo formal. Para conseguirlo necesita también un sistema financiero capaz de acompañarlas.

Compartir el post:

Posts Relacionados