Cada vez hay más monotributistas: ¿precarización laboral o una nueva forma de trabajar?

Cada vez hay más monotributistas: ¿precarización laboral o una nueva forma de trabajar?
Mientras el empleo asalariado registrado lleva años prácticamente estancado, el número de trabajadores inscriptos en el régimen simplificado no deja de crecer. Detrás del fenómeno conviven realidades muy diferentes: desde relaciones laborales encubiertas hasta profesionales y emprendedores que eligen trabajar por cuenta propia

El mapa del trabajo argentino está cambiando y uno de los datos que mejor lo muestra es el crecimiento sostenido de los monotributistas. En junio de este año había 4.148.497 personas inscriptas en el régimen simplificado, sin contar otras 701.586 correspondientes al monotributo social. En apenas cinco años, la cantidad de monotributistas creció un 22%, frente a un incremento de sólo 4,7% de los asalariados registrados de los sectores público y privado.

La diferencia se vuelve todavía más marcada al mirar lo ocurrido desde 2023: mientras el número de asalariados registrados cayó 2,6%, los monotributistas aumentaron 9,2%.

Los datos surgen de un análisis realizado por Argendata-Fundar sobre información de ARCA obtenida por el diario La Nación mediante un pedido de acceso a la información pública y registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.

El resultado es un cambio progresivo en la composición del universo laboral registrado. En 2021, los monotributistas representaban el 26% de la suma de asalariados registrados y personas inscriptas en el régimen simplificado. Hoy explican el 29,1%. Si se incorporan los monotributistas sociales, la proporción supera el 32%.

El problema de los “falsos monotributistas”

Una tendencia que viene de lejos

El fenómeno no comenzó con la coyuntura económica de los últimos años.

Las estadísticas del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) muestran que la cantidad de asalariados privados registrados que había en mayo de 2026 era prácticamente la misma que en enero de 2012. En ese mismo período, la cantidad de monotributistas que realizan aportes jubilatorios aumentó 67,2%.

Los datos más recientes profundizan esa divergencia. Entre mayo de 2021 y mayo de 2026, los monotributistas aportantes crecieron 29,8%, hasta alcanzar casi 2,2 millones de personas. El empleo asalariado privado registrado, en cambio, aumentó apenas 4% durante esos cinco años.

El cuentapropismo también ganó espacio dentro del conjunto del mercado laboral. De acuerdo con el análisis de Fundar sobre datos de la Encuesta Permanente de Hogares, pasó de representar alrededor del 19% de las ocupaciones en 2015 al 24% en la actualidad. Pero ¿qué significa ese cambio?

Monotributista no es sinónimo de informal

Monotributista no es sinónimo de informal

Una parte importante del debate aparece cuando el crecimiento del monotributo es presentado como una manifestación más del aumento de la informalidad laboral. Los conceptos, sin embargo, no son equivalentes.

El INDEC distingue expresamente entre trabajadores independientes formales e informales. Para determinar esa condición analiza, entre otros aspectos, si la actividad está registrada y si el trabajador realiza aportes a la seguridad social.

El monotributo es, justamente, un régimen creado para formalizar actividades económicas de menor escala mediante un pago simplificado que integra obligaciones impositivas y, según corresponda, aportes jubilatorios y de obra social.

Esto no significa que todo trabajo realizado bajo monotributo sea necesariamente un empleo de calidad. Significa algo diferente: que la condición de monotributista, por sí sola, no permite determinar si una persona se encuentra en una situación de precariedad laboral.

Un estudio de Fundar sobre el trabajo independiente mostró incluso una transformación relevante en este punto. Entre 2012 y 2024, la cantidad de monotributistas aumentó 55% y la expansión de las modalidades registradas hizo que la proporción de trabajadores independientes no registrados se redujera del 52% al 45% del total. Es decir, el crecimiento del trabajo independiente convivió también con una mayor registración.

El problema de los “falsos monotributistas”

Existe, sin embargo, otra realidad. Parte de quienes facturan como monotributistas no son verdaderos trabajadores independientes. Cumplen horarios, tienen un único empleador, reciben instrucciones y desarrollan tareas que en los hechos tienen las características de una relación de dependencia.

Los datos permiten dimensionar el fenómeno. Según el análisis de Argendata-Fundar, los asalariados que aportan por sí mismos a la jubilación porque trabajan bajo esquemas no registrados pasaron de representar el 2,1% del total de ocupados en 2017 al 4,2% en la actualidad.

En esos casos, el monotributo puede funcionar como mecanismo para encubrir una relación laboral y evitar las obligaciones correspondientes a una contratación formal.

Es uno de los factores que explican por qué diferentes especialistas interpretan parte del crecimiento reciente del régimen como una señal de deterioro de la calidad del empleo.

Pero no explica todo el fenómeno.

Profesionales, freelancers y emprendedores

En el otro extremo existe un universo creciente de personas para las cuales trabajar por cuenta propia no es necesariamente una salida ante la falta de empleo asalariado. Profesionales que venden sus servicios a varias empresas, consultores, programadores, diseñadores, comunicadores, trabajadores de la economía del conocimiento, comerciantes y pequeños emprendedores pueden desarrollar actividades independientes con niveles de ingresos significativos.

Los propios límites actuales del régimen ayudan a dimensionarlo. Desde agosto de 2026, una persona puede permanecer dentro del monotributo con ingresos brutos de hasta $ 126,6 millones anuales. Esto equivale a una facturación promedio superior a $ 10,5 millones mensuales. Incluso la categoría H admite una facturación anual de casi $ 82 millones, unos $ 6,8 millones mensuales en promedio.

Es decir, el universo monotributista actual excede ampliamente la figura tradicional del trabajador que realiza una actividad ocasional o de muy bajos ingresos.

La Secretaría de Trabajo ya había advertido esta transformación. En un análisis sobre la evolución del mercado laboral señaló que entre 2016 y 2025 el trabajo independiente creció a un promedio anual del 3%, mientras los puestos asalariados lo hicieron al 1%. Entre 2023 y 2025, según el organismo, la totalidad de los nuevos puestos de trabajo estuvo explicada por el crecimiento del trabajo independiente.

Hay además un dato económico llamativo. Aunque los independientes generan alrededor del 17% del valor agregado bruto del sector privado, entre 2023 y 2025 explicaron 1,8 puntos de los 2,3 puntos porcentuales que creció ese valor agregado. El Gobierno interpretó esos números como una señal de que el trabajo independiente está adquiriendo un peso cada vez mayor dentro de la estructura productiva.

Un mismo régimen, realidades muy diferentes

El crecimiento del monotributo parece esconder, por lo tanto, más de un fenómeno.

Por un lado, están quienes recurren al trabajo independiente ante un mercado asalariado que muestra dificultades para generar nuevos puestos. También quienes mantienen en los hechos una relación de dependencia, pero son contratados mediante facturación para reducir costos laborales.

Por otro, existe un segmento de trabajadores que construye deliberadamente una carrera independiente, presta servicios a varios clientes o transforma una actividad profesional en un emprendimiento propio.

Las estadísticas agregadas todavía tienen dificultades para determinar cuánto pesa cada grupo dentro del crecimiento reciente. Sí permiten establecer con mayor claridad que el mercado laboral argentino está modificando su composición. Mientras el empleo asalariado privado registrado permanece prácticamente en los mismos niveles que hace más de una década, el trabajo independiente continúa expandiéndose.

Determinar si ese movimiento representa precarización, una respuesta defensiva frente a la falta de empleo asalariado o una transformación genuina en la manera de trabajar exige mirar más allá de una categoría tributaria. Porque detrás de los más de cuatro millones de monotributistas argentinos conviven trabajadores con situaciones, ingresos y grados de autonomía profundamente diferentes.

Compartir el post:

Posts Relacionados