Hablar de dinero nunca fue fácil. Según un estudio del Banco Mundial, el 62% de los adultos en América Latina reconoce sentir ansiedad al revisar sus finanzas personales, y más de la mitad evita discutir temas económicos incluso con su pareja o su familia. En la Argentina, el índice de alfabetización financiera del BID muestra que sólo el 35% de la población comprende conceptos básicos de ahorro, crédito e inversión. La falta de educación económica, sumada a la frecuente inestabilidad, genera un terreno donde la desinformación y el miedo se entrelazan.
En medio de ese contexto, Celeste Sánchez encontró una manera de transformar su propia crisis en aprendizaje colectivo. Comunicadora y fundadora del proyecto Dinero en Orden, creó una comunidad que combina información práctica, empatía y una mirada esperanzadora sobre la economía cotidiana. “Nació después de un gran colapso económico que sufrimos como familia en el año 2014 y, después de haber aprendido todo lo que necesitaba para sacar a los míos adelante, decidí compartir toda esa información con otras personas que estuvieran pasando por una situación similar”, cuenta.
−¿Qué necesidad viste en las personas que te llevó a dedicarte a la educación financiera?
−La falta de información clara y adaptada a la realidad argentina. Hay mucha bibliografía, sobre todo en inglés, y el idioma es una barrera para mucha gente que necesita esos consejos. Entonces me propuse usar mi formación como comunicadora para crear un espacio informativo pero también de contención, con una mirada optimista sobre la situación económica. Sin política, pensando en que la educación sobre el dinero te acompaña toda la vida, más allá del color del gobierno de turno.
−¿Cuál fue el punto de inflexión que te hizo decidir que querías vivir de este proyecto?
−Hasta diciembre de 2019 llevé en paralelo un proyecto de asesorías en comunicación para emprendimientos y pymes, pero sabía que quería que Dinero en Orden fuera mi actividad principal. En enero de 2020 tomé la decisión de quedarme solo con esa cuenta y aprender lo que me faltaba para convertirla en algo rentable.
−¿Qué significa para vos “poner el dinero en orden”?
−Saber qué hacer con cada peso que tengo, ya sea para pagar una obligación o disfrutar en familia. Es equilibrio y tranquilidad todos los días.
−¿Sentís que el dinero sigue siendo un tema tabú? ¿Por qué nos cuesta tanto hablar de plata?
−Creo que por miedo a sentirnos juzgados. No es fácil exponer en una mesa con amigas cuánto facturás por mes. Tampoco es cómodo reconocer una deuda o pedir ayuda. Se da por sentado que uno debería saber algo que en realidad no se enseña casi en ningún lado.
−¿Qué errores comunes ves en la forma en que la gente maneja su dinero?
−El uso de la tarjeta de crédito es el principal. Siempre digo que cuando cumplimos 18 años nos dan un rectangulito de plástico que parece mágico, pero no nos enseñan a usarlo, y la mayoría de los problemas empiezan por ahí.
−¿Cuáles son los primeros pasos para alguien que quiere empezar a organizar sus finanzas personales?
−El primer paso siempre es hacer un presupuesto por escrito, saber cuánto dinero entra en la casa en un mes y cuánto sale. A partir de ahí se pueden tomar decisiones más informadas: bajar gastos, subir ingresos o ambos. Después, generar el dinero necesario para empezar a saldar deudas, ahorrar e invertir. Con eso ya se nota muchísimo el cambio, sobre todo en la tranquilidad que se recupera.
−¿Creés que la educación financiera debería enseñarse desde la escuela?
−Absolutamente. Con el enfoque adecuado según cada edad, pero es una discusión que se debe dar lo antes posible.
−¿Cómo influyen las emociones en nuestra relación con el dinero?
−Muchísimo. Se dice que el manejo del dinero es 20% conocimientos y 80% autodisciplina y buen comportamiento. Al ser algo que nos atraviesa la vida por completo, el dinero también se ve afectado por cómo nos sentimos y cómo actuamos todos los días.
−¿Qué hábitos simples pueden mejorar la salud financiera de una persona?
−El principal, como mencioné antes, es hacer un presupuesto. Revisar los ingresos y gastos al menos una vez por mes es fundamental. También anotar los gastos diarios y después analizar al final del mes cuáles se pueden bajar o eliminar. Son hábitos simples, pero hacen una diferencia enorme.

−¿Cómo cambió tu propia relación con el dinero a lo largo del tiempo?
−Algo que trabajé, y sigo trabajando, es mi relación con los gastos. Porque, al contrario de mucha gente, siempre me costó gastar, sobre todo si es para mí. Y parte de tener una relación sana con el dinero también es disfrutarlo. Así que me recuerdo eso cada vez que lo necesito.
−¿Qué papel juega la tecnología en la educación financiera hoy?
−Es una parte fundamental, sobre todo porque democratiza el acceso a herramientas que antes sólo podían tener los usuarios bancarizados. Desde usar una tarjeta de débito hasta invertir en una cuenta remunerada, todo lo que sume posibilidades siempre va a ser beneficioso para muchas personas.
−¿Cómo ves el impacto de la inteligencia artificial en la gestión de las finanzas personales?
−Es algo que aún no exploré demasiado, sinceramente no tengo una opinión formada todavía, pero sin dudas va a tener un impacto, igual que en tantos otros temas del día a día.
−¿Cuáles son los mayores desafíos de emprender en el mundo digital?
−Mantener el foco, ser constante, amigarse con la incertidumbre. Hay que tener una mirada muy especial para poder sostenerlo, pero vale la pena.
−¿Qué aprendiste sobre liderazgo y trabajo en equipo a lo largo de este camino?
−Que para liderar primero tenés que estar bien con vos misma; si no, es muy difícil poder guiar a otros. Es algo en lo que sigo trabajando para tener herramientas que me ayuden y me permitan mejorar junto a quienes trabajan conmigo.
−¿Cómo equilibrás la exposición en redes con tu vida personal?
−Es algo que se da naturalmente, y muchas veces me pasa que no muestro tanto como debería o como aconsejan. Nunca mostré a mis hijas, por ejemplo, aunque eso signifique resignar un ingreso o no mostrar ciertos momentos, como una fiesta o unas vacaciones. Creo que debemos ser cuidadosos: no todo vale en pos de facturar o crecer en redes.
−¿Qué buscás transmitir con tu contenido más allá de los consejos económicos?
−La idea de que se puede salir de una mala situación económica. No es fácil, pero es posible, y depende mucho más de cada uno que de las decisiones del ministro de turno. Me gusta llevar un mensaje optimista: mostrar que siempre se puede hacer algo para mejorar.
−¿Qué tipo de comunidad se formó alrededor de Dinero en Orden?
−Muchas mamás, porque al principio el enfoque era más marcado hacia la mujer. Después de unos años decidí hablarles a las familias en general, tengan la configuración que tengan.
−¿Qué valores te gustaría que identifiquen a tu marca?
−El respeto, ante todo, para que nadie sienta que hay alguien juzgando su situación. Y la esperanza de que se puede mejorar, eso es fundamental. No podría sumarme a ningún mensaje tipo “mirá lo mal que está todo”. Mi mensaje es positivo, siempre.
−¿Qué desafíos enfrentan las nuevas generaciones en relación al dinero y el trabajo?
−Lo más importante es formar a los jóvenes en la idea de que cada uno puede generarse su propio trabajo. Somos muchos los que lo hicimos, y en un mundo donde los empleos formales son escasos, no sentarse a esperar que ese empleo llegue me parece fundamental.
−¿Cómo imaginás el futuro de Dinero en Orden en los próximos años?
−Con muchos más contenidos, en diferentes formatos, para seguir llevando información clara y fácil de aplicar en el día a día.
−Si pudieras dar un solo consejo a alguien que quiere mejorar su situación económica, ¿cuál sería?
−No quedarse en el “todos están mal, entonces yo también”, sino pensar qué cambiar de a poquito para salir adelante. Un objetivo pequeño por vez, para ir ganando motivación.
−¿Qué te gustaría dejar en la comunidad que te sigue?
−El enfoque optimista, sin caer en el positivismo tóxico del “si yo pude, vos también”. Soy consciente de que el camino no es igual para todos, por eso comparto de la forma más clara posible todo lo que aprendí en estos más de diez años. Si algo de eso ayuda a una familia a mejorar, mi misión está cumplida.