Estrés crónico en la Argentina: causas, síntomas y cómo enfrentarlo

El país lidera el ranking de burnout en la región. Cómo distinguir el estrés normal del patológico, sus efectos en la salud y la productividad, y qué herramientas ayudan a prevenirlo

Como profesional de la salud mental cada vez más escucho relatos de personas que acuden a mí con la sensación de estar viviendo literalmente en una selva, en una de las más peligrosas, como los primates, huyendo incansablemente de fieras salvajes. Yendo de un lado a otro, sin poder establecerse cómodos en ningún sitio, con la alarma encendida, los puños cerrados y los músculos hipertónicos, preparados para atacar o huir. Pensando más en cómo seguir luchando en el futuro que en parar y dedicarse a contemplar la maravillosa existencia. Una existencia por momentos en la que sólo estamos “durando”, con poca capacidad de goce y descansando en estado de alerta. Es ahí donde suelo preguntar: ¿Quién es el león de tu vida persiguiéndote para convertirte en su presa?

Es necesario aprender la diferencia entre el estrés normal y el estrés patológico. Hoysabemos que cierto grado de estrés es necesario para motivarnos y alcanzar desafíos.

La dificultad comienza cuando las cargas que nos imponemos en el día a día superan nuestra capacidad de resistencia. ¿Cuánto tiempo puedo sostener la convivencia a diario con un jefe que me mal trata, con una carga de 12 o 14 horas de trabajo o trabajando bajo condiciones inseguras de cualquier índole? Llegará un momento en el cual la capacidad de resistencia y adaptación se agote y empecemos a sufrir, a generar sintomatología y a cometer errores, producto del agotamiento por sobrecarga.

En ese momento podría ocurrir que comencemos a tener dificultades en las funciones cognitivas, concentración, toma de decisiones, memoria, o síntomas físicos, como cansancio extremo, dolor de cabeza o contracturas musculares. Estos síntomas se producen frente al estrés crónico o distrés, junto con altas posibilidades de desarrollar enfermedades como la ansiedad patológica, la depresión y eventos cardiovasculares.

La clave es poder detectar cuáles son nuestros estresores, lo que nos produce sufrimiento, y reducir la carga o cambiar la percepción de la realidad a un modo más positivo y sociable ya que la buena noticia es que como la realidad que percibimos es siempre subjetiva, podemos modificarla a nuestro favor.

En las organizaciones, el estrés crónico no sólo afecta la salud mental y física, también genera un impacto negativo en la productividad, el ausentismo y los índices de rotación.

Cifras alarmantes

Argentina encabeza el ránking de burnout y estrés laboral en América Latina. Estudios de la Sociedad de Medicina del Trabajo de la provincia de Buenos Aires evidencian que el 80% de los trabajadores padece estrés crónico con aumento de licencias médicas por enfermedades crónicas y accidentes laborales. Además, según la Confederación Farmacéutica Argentina el aumento de ansiolíticos en el país viene aumentando año tras año.

Dentro de los llamados estresores se encuentran factores socio-económicos y una percepción de la realidad que genera sentimientos de desesperanza en el futuro y en la posibilidad de progreso y, como consecuencia, deterioro en las relaciones interpersonales, además de la percepción de sentirse en peligro permanente producto de la inseguridad en las calles.

En puestos ejecutivos, el agotamiento por cumplir con objetivos de forma inmediata y el desafío de liderar personas per se desmotivadas genera altos índices de estrés crónico. Por eso los psicólogos proponemos trabajar la salud mental en las organizaciones. Como primera medida, la psicoeducación en gestión del estrés es fundamental. Intervenir realizando talleres para poder identificar de manera individual los estresores que están afectando la salud y la productividad; detectar si estamos frente a un cuadro de estrés normal o estamos avanzando en la curva hacia el distrés o el estrés crónico; intervenir intentando modificar nuestra percepción de la realidad a nuestro favor; cambiar la filosofía de vida promoviendo hábitos saludables, como la alimentación y el ejercicio físico, e implementando herramientas como la meditación mindfulness y la práctica de yoga.

Recuerdo la primera frase que escuché en mi posgrado de medicina del estrés del doctor Daniel López Rosetti: “No se puede combatir el enemigo que no se conoce”. Ahora que sabemos cuál puede ser la causa de nuestros sufrimientos, ¡pongamos manos a la obra!

La autora es psicóloga clínica y gerente de Recursos Humanos en El Galgo S.A.

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