El presidente Javier Milei anunció que enviará al Congreso un proyecto para crear un “Súper RIGI”, un nuevo régimen de incentivos a las inversiones que, según anticipó el Gobierno, ofrecerá beneficios todavía mayores que el RIGI actual y estará orientado a sectores “que nunca existieron en Argentina”.

“Estaremos mandando al Congreso una ley sobre SÚPER RIGI, el cual tiene mayores ventajas que el RIGI original”, afirmó Milei durante su último viaje a los Estados Unidos. El mandatario aseguró además que el objetivo será atraer inversiones de gran escala y “multiplicar la cantidad de empleos”.
Días después, el ministro de Economía Luis Caputo comenzó a dar detalles sobre el esquema y habló de un volumen potencial de inversiones que podría acercarse a los US$ 140.000 millones en las próximas semanas, entre proyectos ya presentados y nuevas iniciativas vinculadas al RIGI y al futuro “Súper RIGI”.
El ministro sostuvo además que esos proyectos “van a generar una enorme cantidad de empleo” y mencionó que el nuevo esquema podría atraer inversiones individuales de “US$ 20 mil o US$ 30 mil millones” en sectores industriales y energéticos estratégicos.
Impacto laboral
El anuncio generó rápidamente expectativa en sectores empresarios y también en el mundo laboral, porque detrás de esos proyectos aparece la posibilidad de una transformación productiva de escala inédita para la Argentina en décadas recientes.
La lógica oficial parece ser competir globalmente por proyectos industriales y tecnológicos que hoy buscan países capaces de ofrecer estabilidad regulatoria, baja carga impositiva y energía abundante.
Por eso el “Súper RIGI” incorporaría beneficios todavía más agresivos que el régimen original. Entre ellos, reducción del Impuesto a las Ganancias del 25% al 15%, amortización acelerada, eliminación de aranceles de importación para insumos productivos, cero derechos de exportación y límites a impuestos provinciales y municipales.
Pero quizá el aspecto más importante no sea tributario, sino estratégico. El Gobierno ya no habla solamente de extracción de recursos naturales. Empieza a hablar de industrialización. Caputo lo expresó de manera explícita: “Vamos a estar incentivando la industrialización de nuestros recursos naturales”.
Eso modifica la conversación sobre empleo. Durante años, parte del debate económico argentino cuestionó que sectores como energía o minería generaban menos puestos de trabajo directos que otras industrias tradicionales. Sin embargo, el nuevo escenario incorpora actividades con mucha mayor complejidad tecnológica y una enorme demanda de servicios asociados.
Los sectores mencionados por el Gobierno muestran esa lógica: refinado y laminado de cobre, producción de baterías de litio, autos eléctricos, paneles solares, turbinas eólicas, cadena de valor del uranio, fertilizantes, infraestructura energética y datacenters vinculados a inteligencia artificial.
Todas esas industrias requieren ingenieros, técnicos especializados, operarios calificados, expertos en automatización, construcción industrial, logística, software, mantenimiento y energía. Y además generan un fuerte efecto derrame sobre proveedores y PyMEs.
El modelo Vaca Muerta
La experiencia de Vaca Muerta ayuda a entenderlo. El crecimiento del shale no sólo impulsó empleo petrolero. También multiplicó demanda en transporte, hotelería, gastronomía, metalmecánica, seguridad, servicios profesionales, infraestructura y tecnología. Algo similar empieza a observarse alrededor de proyectos mineros y energéticos en distintas provincias. Ahora, el Gobierno apuesta a escalar ese fenómeno.
De hecho, el propio RIGI ya muestra cifras muy significativas. Según explicó Caputo, actualmente existen 36 proyectos presentados por unos US$ 95.000 millones, principalmente en energía y minería.
Entre las iniciativas aprobadas aparecen desarrollos de litio, ampliaciones energéticas y proyectos vinculados al gas y la minería. Uno de los casos recientes fue el proyecto de litio de Galan Lithium en Catamarca, por más de US$ 200 millones, orientado a producción y exportación de carbonato de litio.
También trascendió que Chevron prepara una nueva presentación bajo el régimen por más de US$ 10.000 millones, vinculada al desarrollo energético argentino.
Capital humano
El salto que busca el “Súper RIGI”, sin embargo, es todavía mayor: atraer industrias enteras que hoy prácticamente no operan en el país. Y eso abre otro desafío central para Recursos Humanos: la formación de talento. Muchas compañías ya advierten dificultades para cubrir perfiles técnicos especializados. Soldadores calificados, operadores industriales, técnicos electromecánicos, programadores, expertos en datos, especialistas en automatización e ingenieros aparecen entre los perfiles más buscados. Si las inversiones efectivamente avanzan, la competencia por talento podría intensificarse todavía más.
Por eso varias provincias y empresas comenzaron a acelerar programas de formación ligados a energía, minería y tecnología industrial. La necesidad de anticiparse empieza a ser evidente: construir capital humano antes de que lleguen masivamente los proyectos.
En un contexto complejo para buena parte de la industria y las PyMEs tradicionales, el “Súper RIGI” empieza así a instalar una expectativa distinta. La posibilidad de que Argentina vuelva a discutir inversiones gigantescas, industrialización y creación de empleo de largo plazo.
Y en un país acostumbrado durante años a debatir crisis y restricciones, esa sola posibilidad ya representa la expectativa de un cambio de clima económico.