Nueve de cada diez empresas argentinas no encuentran el talento que buscan

Un relevamiento del IAE Business School y IDEA revela las crecientes dificultades para contratar personal. Falta de habilidades técnicas y blandas, desajuste entre oferta y demanda laboral y una necesidad urgente de reinventar los procesos de reclutamiento y formación

En el mercado laboral argentino, encontrar talento se ha convertido en una tarea cada vez más compleja. Según un relevamiento conjunto del IAE Business School y el Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), difundido por La Nación, nueve de cada diez compañías enfrentan dificultades para hallar los perfiles que necesitan. Ya no se trata de un problema coyuntural, sino de una brecha estructural entre la formación de los trabajadores y las demandas de las organizaciones.

El estudio señala que las dificultades se concentran tanto en las habilidades técnicas como en las llamadas competencias blandas. Las empresas no sólo necesitan que un candidato sepa “hacer”, sino que además pueda trabajar en equipo, adaptarse a entornos cambiantes, autogestionarse y aprender de manera continua. Esta combinación resulta cada vez más difícil de encontrar, incluso en sectores históricamente dinámicos.

El relevamiento identifica que las áreas de tecnología y de ventas son las más afectadas. En ellas, la escasez de talento adecuado retrasa proyectos, incrementa los costos y afecta la productividad. Según el informe, el 68% de las empresas reporta demoras para cubrir vacantes; el 48% asegura que esa falta de coincidencia entre perfil y puesto impacta directamente en su rendimiento, y el 33% reconoce que los costos de capacitación aumentan por la necesidad de adaptar a los nuevos empleados.

Las causas del fenómeno son múltiples, pero tres factores aparecen con especial fuerza. El primero es el desajuste de habilidades. En una economía atravesada por la transformación digital y los nuevos modelos de negocio, los conocimientos técnicos y las capacidades de adaptación se vuelven imprescindibles. Muchas veces, los sistemas educativos y de formación no logran acompañar el ritmo que impone el mercado.

El segundo factor es el cambio de paradigma laboral. Las empresas ya no buscan únicamente experiencia o títulos, sino capacidad de resolver problemas, de innovar y de integrarse en equipos diversos. Un candidato puede dominar una herramienta, pero si no tiene la disposición para aprender o la flexibilidad para moverse entre distintos proyectos, rápidamente queda rezagado.

El tercer elemento es el costo que implica la falta de talento adecuado. No se trata solo de un problema de recursos humanos, sino de un tema estratégico. Cada puesto sin cubrir o mal cubierto representa menor productividad, más rotación y pérdida de oportunidades. 

Según el informe del IAE, las compañías están hoy más preocupadas por el déficit de habilidades de sus empleados que por otros factores de transformación del negocio.

El desafío es, entonces, redefinir el rol del área de Recursos Humanos. Ya no basta con “reclutar” y “retener”. Es necesario anticipar las necesidades de talento, entender hacia dónde va el negocio y qué capacidades serán críticas en los próximos años. Las empresas más avanzadas comienzan a desarrollar estrategias de planeamiento de talento con una mirada prospectiva: analizan qué habilidades se perderán, cuáles pueden desarrollarse internamente y qué nuevas competencias deben incorporarse.

En paralelo, muchas organizaciones adoptan un enfoque skills-first, priorizando las competencias y la actitud de aprendizaje por encima de los títulos formales. La inversión en formación interna se convierte en una ventaja competitiva. Cada vez más, las empresas comprenden que el talento que necesitan no está afuera, sino dentro de su propia estructura, esperando oportunidades de crecimiento y desarrollo.

La situación también obliga a repensar los procesos de reclutamiento. Algunas compañías están explorando nuevas fuentes de talento en el interior del país, aprovechando modalidades híbridas o remotas. Otras apuestan a identificar el potencial antes que la experiencia. Según una de las firmas citadas por La Nación, “en el interior hay mucho talento, pero hace falta acompañarlo con capacitación y desarrollo”.

El impacto de esta brecha es transversal. Afecta a las pymes, que no pueden competir en salarios, y también a las grandes empresas, que requieren especialización y compromiso. En todos los casos, la consecuencia es la misma: proyectos demorados, pérdida de competitividad y una sensación generalizada de que la educación y el trabajo ya no se encuentran al mismo ritmo.

De fondo, la pregunta que plantea el estudio del IAE y de IDEA es cómo puede el país construir un sistema de desarrollo de talento capaz de responder a los desafíos del siglo XXI. La educación técnica, la formación profesional y las alianzas entre empresas y universidades se vuelven piezas esenciales de una estrategia de largo plazo. Pero mientras tanto, las organizaciones deben actuar.

El camino pasa por integrar la gestión del talento a la estrategia de negocio, medir no sólo el tiempo que tarda en cubrirse una vacante, sino el tiempo que demora un empleado en alcanzar su productividad plena. También por promover una cultura de aprendizaje continuo, en la que capacitarse no sea una obligación, sino una parte natural del trabajo.

El relevamiento del IAE Business School e IDEA deja una conclusión clara: la escasez de talento ya no es un problema de reclutamiento, sino de competitividad. Las empresas que logren anticiparse, formar y atraer a las personas adecuadas tendrán una ventaja decisiva. Las que sigan confiando en que el mercado resolverá el problema, probablemente se encuentren cada vez más lejos del futuro.

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