La conversación sobre el trabajo cambió de dueño. Ya no la conducen únicamente las empresas ni los consultores tradicionales, sino también figuras que, como Patricia Jebsen, conocen desde adentro el pulso de la gestión y al mismo tiempo se atreven a cuestionarla.
Resulta extraño ver a una ex CEO convertida en creadora de contenido sobre liderazgo, cultura organizacional y empleabilidad, con la naturalidad de quien no necesita demostrar nada. Pero Jebsen, que hoy integra directorios en tecnología y retail y mantiene una agenda corporativa activa, encontró en esa reinvención un nuevo punto de apoyo: su voz se volvió puente entre generaciones desconfiadas del sistema y organizaciones que intentan sobrevivir al cambio de época.

Su llegada al universo digital fue accidental, casi doméstica. Una publicación improvisada hecha por su hija derivó en miles de preguntas sobre carrera, propósito y cultura laboral, y ella entendió que allí había un vacío real: “Los jóvenes ya no le creen a las empresas”, se dijo. Desde ese momento comenzó a explicar, con lenguaje directo y despojado, cómo funcionan las decisiones, qué miran los líderes, por qué la empatía dejó de ser opcional y qué significa navegar la incertidumbre profesional sin fórmulas mágicas.
Hoy su presencia en TikTok y LinkedIn crece al ritmo de un fenómeno cultural que vuelve a poner en el centro a quienes pueden traducir la complejidad del trabajo contemporáneo. A partir de sus experiencias en cargos ejecutivos, su rol actual en gobiernos corporativos y su nuevo libro, Pensar diferente, Jebsen se convirtió en una de las voces más influyentes sobre talento, liderazgo y futuro del empleo en la región.
−Tu carrera es un caso poco común de alguien que llega muy alto en el mundo corporativo y luego decide mirar ese mismo mundo desde otro lugar. ¿Qué te hizo cambiar el foco?
−Estuve 30 años en el mundo corporativo, de los cuales, en los últimos fui gerente general. Un día me desperté y supe que quería un cambio. Yo me había preparado para ser miembro de directorios, que es lo que hoy hago en empresas de tecnología y retail. Pero casi sin querer apareció otra cosa. Mi hija subió un TikTok mío mostrando una agenda de viajes y ahí me di cuenta de que tenía que hablar del mundo del trabajo y del universo corporativo. Los jóvenes ya no les creen a las empresas, y las preguntas aparecieron solas. Así empecé a generar el contenido que hago hoy.
−¿Qué te hizo darte cuenta de que había que empezar a hablar de otra manera sobre el liderazgo y el trabajo?
−Al principio la comunidad me marcó el camino. Empezaron a llegar preguntas muy concretas. Cómo hacer carrera, qué estudiar, por dónde empezar, cuáles son las mejores empresas para trabajar. Noté una necesidad enorme de orientación desde la experiencia real, sin discursos formales. Ahí entendí que tenía que hablar de liderazgo y de trabajo, porque la distancia entre lo que las empresas dicen y lo que los jóvenes viven es cada vez más grande.

−En tus redes se percibe una sensibilidad poco frecuente en la alta dirección, ¿qué aprendiste sobre la conexión humana en contextos de poder?
−Siempre fui muy comunicativa y muy cercana. Con clientes, con usuarios, con empleados, con mis equipos. Eso me acompañó toda mi carrera. Ser accesible, escuchar, no esconderme detrás del rol. Creo que esa cercanía es lo que hace que las personas se acerquen, que me crean y que quieran preguntar. Esa conexión es muy real, no es una estrategia.
−¿Puede un liderazgo humano seguir siendo eficaz en organizaciones que todavía miden por performance?
−Las organizaciones miden por performance, sí, pero cada vez valoran más las habilidades blandas. La empatía, la comunicación, la forma de liderar. Ya no alcanza con cumplir objetivos. La gente quiere trabajar con líderes que los entiendan y los acompañen. Las empresas saben que sin eso hoy ya no retienen talento.
−¿Cómo se aprende a liderar desde la escucha y no desde el control?
−La escucha activa es una de las habilidades más demandadas hoy. Escuchar para motivar, para entender qué necesita cada persona, para construir planes reales. Escuchar también para comprender a los clientes. La escucha no es pasividad, es acción. Es ajustar, adaptar, acompañar.
−TikTok y LinkedIn se convirtieron en tus nuevos espacios de influencia. ¿Qué te enseñó esa experiencia sobre cómo se comunica el liderazgo hoy?
−Que el liderazgo se enseña con el ejemplo. Que la gente ya no quiere discursos perfectos, quiere experiencias reales. En redes no sirve hablar desde el pedestal. Sirve mostrar cómo se trabaja, cómo se decide, cómo se aprende. Eso genera impacto.
−¿Pensás que el futuro del trabajo va hacia estructuras más flexibles o hacia una búsqueda de sentido más profunda?
−Van juntas. La flexibilidad sin sentido no alcanza. La gente quiere trabajar bien, pero también quiere saber para qué hace lo que hace. Las nuevas generaciones no se enamoran de un escritorio: se enamoran de un propósito.
−¿Cómo cambia la noción de éxito cuando ya se llegó a todo lo que profesionalmente se suponía que había que alcanzar?
−Para mí el éxito es hacer lo que te gusta, no importa en qué momento de tu vida estés. Hoy siento que lo que hago me hace feliz y que puedo ayudar a mucha gente. Puedo inspirar a jóvenes, puedo aportar desde mis directorios, puedo acompañar carreras. Eso es éxito para mí hoy.
−Tu libro Pensar diferente parece una síntesis natural de todo lo que venís compartiendo. ¿Qué vamos a encontrar allí?
−Van a encontrar mi historia profesional. Cómo cambié de empresa, cómo asumí nuevos desafíos, cómo me animé a hacer cosas distintas. Y también una parte práctica sobre cómo conseguir trabajo y cómo construir una carrera. Mucha gente necesita herramientas reales, no teorías.
−¿Qué significa para vos pensar diferente cuando casi todo el mundo dice querer hacerlo, pero pocos realmente se atreven?
−Significa animarte a cambiar aunque te dé miedo. Hacerte preguntas incómodas. Cuestionarte lo que siempre se hizo igual. No quedarte donde percibís que no encajás. Pensar diferente es acción, no una frase inspiradora.
−Si tuvieras que darle un consejo a quienes sienten que ya no encajan en el modelo laboral tradicional, ¿por dónde les dirías que empiecen?
−No todos están hechos para trabajar en empresas. Algunas personas deberían probar emprender o trabajar de manera independiente. No es falta de capacidad, es que no todos tienen la paciencia para el mundo corporativo. Y está bien. Hay muchos caminos posibles.
−¿De qué conversación te gustaría que se empiece a hablar en serio en las áreas de recursos humanos y todavía no se está dando?
−De las necesidades reales de las nuevas generaciones. De dejar de insistirles con el camino que para nuestra generación fue el “correcto”. Cada uno tiene su propio recorrido. Recursos Humanos necesita escuchar más, empatizar más y entender mejor qué motiva a cada perfil.