Según el último informe global de Gallup sobre el estado del trabajo, sólo el 23% de las personas en el mundo se siente comprometida con su empleo, mientras que más del 60% declara estar “desconectada emocionalmente” de lo que hace a diario. En paralelo, un estudio de LinkedIn Economic Graph muestra que el principal motivo de cambio laboral ya no es el salario, sino la falta de alineación entre valores personales, expectativas de desarrollo y experiencia real dentro de las organizaciones.

Estos datos revelan una tensión silenciosa pero creciente. Las personas no necesariamente quieren trabajar menos, quieren trabajar mejor consigo mismas. El problema aparece cuando el hacer cotidiano se vuelve automático y deja de dialogar con la identidad, el deseo y el sentido. En ese punto, la empleabilidad deja de ser una cuestión técnica y se convierte en una pregunta existencial.
Para las áreas de Recursos Humanos este escenario plantea un desafío profundo. Atraer talento ya no alcanza si no se comprende qué está buscando realmente quien se postula, qué está dispuesto a sostener y qué ya no quiere negociar. La carrera profesional se vuelve un territorio de revisión constante, atravesado por el autoconocimiento, la salud mental y la necesidad de tomar decisiones más conscientes en contextos de alta incertidumbre.
En ese cruce se inscribe el trabajo de Sofi Jobs (Sofía Mom von Kotsch), licenciada en Relaciones Laborales, especialista en empleabilidad, referente en LinkedIn desde 2014 y autora del libro ¿Qué hacemos con lo que somos?. Su recorrido combina formación académica, experiencia corporativa, docencia y una fuerte vocación por acompañar procesos de búsqueda laboral desde una mirada integral.
Su historia personal también explica su enfoque. Creció en un entorno donde hablar de Recursos Humanos era parte de la vida cotidiana y desde muy joven incorporó una sensibilidad particular hacia el trabajo con personas. Desde 2008 se desempeña en áreas de talento, desarrollo, capacitación y cultura, en organizaciones de distinto tipo, y hoy trabaja en el mundo fintech, sin abandonar su rol como comunicadora y acompañante de quienes transitan cambios profesionales.
−¿Qué momento marcó el punto en el que dejaste de preguntarte qué hago y empezaste a preguntarte qué hago con lo que soy?
−Fue apenas me recibí. Fue bastante rápido ese encontronazo con darme cuenta de que yo, desde lo mental, quería ser algo diferente. Sinceramente sentí que era el momento justo para animarme, porque encontré una oportunidad en un mercado laboral donde no se hablaba demasiado de democratizar la parte más educativa de recursos humanos orientada al candidato. Me pareció una buena oportunidad empezar a hacer algo así. Cuando hablo de identidad laboral, creo que muchas personas viven en piloto automático, cumpliendo objetivos y metas sin detenerse a observarse. Hoy pasa mucho que la gente vuelve a mirarse desde su identidad y se pregunta para qué hace lo que hace, si lo que es conversa con lo que quiere ser a futuro, si se conoce lo suficiente. Todo eso tiene que ver con el autoconocimiento y con la marca personal, que para mí son muy importantes. También siento que hoy se repite mucho el deseo de cambiar de trabajo y de cambiar de vida, en un contexto donde la tecnología nos hace sentir que todos tenemos las mismas posibilidades de elegir. Las generaciones actuales desafían mucho eso y la pandemia también ayudó a observar el mercado laboral desde otro lugar. Cada vez vemos más personas que dan saltos y sienten que el trabajo dejó de ser algo para toda la vida, y eso es bastante inevitable según el contexto en el que estamos.
−¿Cómo observás hoy el ejercicio del liderazgo en organizaciones atravesadas por cambios generacionales y culturales?
−Yo creo que el liderazgo se construye y que quienes lideran tienen que convivir con la frustración de que, a veces, la cultura organizacional acompaña más o menos. Ser líder es incómodo, implica observarse constantemente para mejorar en pos de motivar a un equipo. La falta de preguntas o el desconocimiento de los talentos del equipo generan muchas frustraciones laborales. Estamos en un momento en el que las compañías entienden que necesitan hacer algo diferente, sobre todo con las generaciones más jóvenes, aunque todavía no saben bien cómo. Existen exigencias del mercado laboral que no terminan de conversar con lo que le pasa a la gente, como pedir muchos años de experiencia y al mismo tiempo querer incorporación inmediata. Las empresas necesitan ser más honestas, desde los descriptivos de puestos hasta lo que realmente necesitan. Siempre hay algo para perder en la adaptación. Las personas tenemos que aprender a adaptarnos un poco a lo que pide el mercado y ceder en algo, porque elegir siempre implica perder un poco. Las compañías también saben que tienen que empezar a hacer ese ejercicio, y por eso la marca empleadora hoy está tan expuesta.
−¿Cómo se trabaja la identidad personal en entornos donde todo gira alrededor de métricas y resultados?
−Descubro que muchas personas, por estar en el bucle de hacer constantemente, se olvidan de su contrato interno, de su contrato psicológico, de preguntarse para qué hacen lo que hacen, si les gusta, si los desafía, si los nutre. En el mercado laboral solemos caer en piloto automático y eso empieza a incomodar mucho, aunque no siempre se pueda nombrar. Una persona puede tener éxito profesional sin estar alineada con su esencia, pero tarde o temprano eso aparece, generalmente a través del cuerpo o de una incomodidad sostenida. No lo llamaría éxito, sino disciplina. Ser bueno en algo pero sentirse incómodo en ese espacio y permitir esa incomodidad sale muy caro. Volver a conversar con uno mismo sobre lo que quiere hacer es difícil, pero necesario. Ser auténtico muchas veces implica tomar decisiones más difíciles. Hay personas preparadísimas para emprender que no se animan, otras que quieren salir de un espacio laboral y no pueden porque la mente es muy reactiva. La forma en la que uno piensa esas decisiones es clave, porque construir de manera consciente cuesta más que hacerlo en automático.
−¿Qué rol debería asumir hoy Recursos Humanos frente a estos procesos de búsqueda y reconexión personal?
−Siento que Recursos Humanos todavía tiene mucha oportunidad de mejora. Muchas cosas funcionan con el colaborador, pero el desarrollo de carrera y el acompañamiento desde el para qué y el autoconocimiento todavía están poco trabajados. La salud mental también es un desafío pendiente. Debería haber más coaches y psicólogos en Recursos Humanos, con roles de acompañamiento distintos. La motivación se trabaja en la casa y se trae al trabajo, y el trabajo aparece en distintos momentos de la vida. También creo que hay talentos que se apagan por exceso de adaptación y otros por no escucharse ni tomar decisiones difíciles. El mercado laboral es incómodo en cualquier etapa de la vida, para quienes empiezan, para quienes están en la mitad del camino y para quienes temen el retiro. Por eso siempre vuelvo a la esencia, a conocerse para poder atravesar todo eso.
−¿Qué relación encontrás entre salud mental, identidad laboral y señales físicas?
−Cuando algo pasa al cuerpo es peligroso. No poner en palabras lo que pasa, no procesarlo ni digerirlo empieza a generar una traición a la propia identidad. Sentir que una debería estar enfocada en algo y estar haciendo otra cosa genera un desgaste enorme. La diferencia entre adaptación y desdibujarse es clara. Adaptarse implica estirarse cuando la situación lo requiere y luego volver a la esencia. El desdibuje aparece cuando la sobreadaptación lleva a sentirse multi-todo, tapando cualquier hueco, viviendo con el sombrero de bombero puesto. Eso termina alejando a las personas de sus talentos reales y de lo que disfrutan. Resolver cosas no alcanza si no se vuelve a las bases de lo que gusta y del sentido de lo que se hace.
−¿Cómo cambió el concepto de vocación en el escenario laboral actual?
−El concepto de vocación cambió porque antes estaba muy ligado a una licenciatura. Hoy entendemos que la vocación puede tomar tantas formas como personas existen. Siguen existiendo licenciaturas, posgrados y especializaciones, pero también hay tecnicaturas y cursos cortos con muy buena salida laboral. Existen profesionales desarrollándose en entornos donde una licenciatura no es un requisito, como sucede en tecnología. También hay personas que identifican que su vocación puede cambiar a lo largo del tiempo. El mercado laboral ofrece hoy una versatilidad enorme en formatos de trabajo, desde freelance hasta emprendimientos. Por eso recomiendo mucho el acompañamiento psicológico, de coaching o terapia, porque la escucha interna y la intuición son claves para entender cómo se va transitando ese camino.
−¿Qué impacto tiene la cultura de comparación permanente en la construcción de carrera?
−Vivimos en una cultura donde nos comparamos mucho y miramos constantemente el pasto del vecino. Eso despersonaliza y aleja de entender cómo queremos que sea nuestro paso por el mundo laboral. En algunos momentos está bien dejarse llevar cuando no se tiene tan claro qué se quiere hacer, pero también es importante responder genuinamente a lo que gusta y a lo que no, y empezar a construir negociables y no negociables laborales. A las organizaciones les falta acompañar más estos procesos de reconexión personal, y ahí hay una oportunidad grande.
−¿Qué diferencias ves entre generaciones en la forma de abordar trabajo y salud mental?
−Los millennials estamos aprendiendo a hacernos preguntas incómodas porque se nos caen muchas estructuras. Las generaciones más jóvenes están mucho más acostumbradas a hablar de salud mental con naturalidad. Existen generaciones más duras con estos temas, donde se asocian a enfermedad o falta de productividad. Hoy aparecen discursos más realistas sobre la vida, entendiendo que trabajar no es lo único que pasa. Las organizaciones que se animen genuinamente a trabajar con lo que las personas son, tratándolas como adultos, podrían tener resultados más realistas. A muchas organizaciones les da miedo articular quién es la persona fuera de la compañía con su rol laboral.
−¿Cuál creés que es hoy el gran desafío humano del mundo del trabajo?
−El gran desafío es hacer el click. Entender que todo esto está pasando y que hay que adaptarse, seguir educándose, comprender el para qué de lo que uno hace. Venimos de mentalidades laborales muy distintas, de contextos donde se sostenían trabajos incómodos para toda la vida. Todo cambió muy rápido, con la tecnología, la inteligencia artificial y las nuevas generaciones. No se puede seguir buscando trabajo como lo hacían nuestros padres o abuelos. En muy pocos años el mercado laboral se transformó de manera radical. Eso es lo que intento transmitir: entender ese cambio y acompañarlo con conciencia, autoconocimiento y herramientas.