Tecnología, informalidad y transición verde, los desafíos laborales del presente

Mientras el mundo redefine el empleo en clave tecnológica y sostenible, la Argentina enfrenta tensiones entre estancamiento, precarización y oportunidades sectoriales

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que, a nivel global, cerca de 200 millones de personas permanecen desempleadas, mientras que la productividad global creció por debajo del 1% según el Banco Mundial. El World Economic Forum señala que el 23% de los empleos actuales están en riesgo de automatización, pero también que podrían generarse 69 millones de nuevos roles asociados a la inteligencia artificial, la ciberseguridad y la sostenibilidad. McKinsey Global Institute complementa con otra cifra: casi el 40% de las horas de trabajo podría ser transformado por la IA generativa, lo que reconfigura tanto las tareas rutinarias como los perfiles profesionales más calificados.

En paralelo, la transición hacia economías bajas en carbono avanza con fuerza. La Agencia Internacional de Energía estima que la reconversión energética creará 14 millones de empleos “verdes” en la próxima década, aunque al mismo tiempo destruirá cerca de 5 millones en sectores intensivos en combustibles fósiles. La OIT subraya que el desafío no es sólo la creación de nuevos puestos, sino la capacitación: el 70% de las empresas encuestadas durante este año reporta dificultades para encontrar trabajadores con habilidades digitales avanzadas.

La polarización también se refleja en el mapa social. La OCDE alerta sobre un aumento de la desigualdad: mientras los salarios de profesionales en tecnología y finanzas crecieron un 8% promedio, el ingreso real de los trabajadores de baja calificación se estancó. Y la informalidad global sigue rondando el 50% de la fuerza laboral, lo que limita la seguridad social y reduce la recaudación fiscal.

En términos de género, el Banco Mundial señala que la tasa de participación femenina todavía se encuentra 20 puntos por debajo de la masculina. Si bien la digitalización habilita nuevas formas de inserción, los sesgos en el acceso a carreras STEM y a financiamiento emprendedor continúan reforzando la brecha. La misma institución subraya que en los países de ingresos medios la desocupación juvenil triplica a la adulta, un patrón que se repite en América Latina.

La Argentina, entre la fragilidad y la reconfiguración

En este contexto, el mercado laboral argentino exhibe una serie de tensiones estructurales. El Panorama Laboral de la OIT para América Latina y el Caribe advierte que la informalidad local alcanza al 45% de los trabajadores, y que la tasa de desempleo juvenil supera el 18%, frente al 6% de los adultos. La Universidad Torcuato Di Tella reporta que el empleo registrado privado perdió más de 120.000 puestos en el último año, acompañado de una caída real del salario del 15%.

Según BDO Argentina, sectores como energía, economía del conocimiento y agroindustria concentran las mayores oportunidades de expansión, mientras que el comercio y la industria manufacturera arrastran contracciones. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) agrega que 6 de cada 10 trabajadores no recibieron aumentos salariales en 2025, lo que amplifica el deterioro del poder adquisitivo.

En términos de género, la brecha de participación laboral entre hombres y mujeres se mantiene en 20 puntos porcentuales, a pesar de que la recuperación del empleo femenino post-pandemia fue más veloz. No obstante, la calidad del empleo es dispar: las mujeres están sobrerrepresentadas en sectores de servicios de baja productividad y menor cobertura social.

La juventud constituye otro foco crítico. De acuerdo con el Banco Mundial, en la Argentina el 40% de los jóvenes ocupados lo hace en la informalidad, una proporción que duplica la de los adultos. Esta condición repercute en la falta de acceso a capacitación, seguridad social y desarrollo profesional.

En cuanto a habilidades, la consultora ManpowerGroup destaca que el 78% de las empresas argentinas manifiesta dificultades para cubrir posiciones críticas, especialmente en tecnología, logística avanzada y gestión de datos. El World Economic Forum coincide en que la inteligencia emocional, la adaptabilidad y el pensamiento crítico se consolidan como competencias imprescindibles, complementarias a la digitalización.

Por otra parte, la movilidad laboral crece: 100seguro registra que el 30% de los trabajadores argentinos considera cambiar de empleo en los próximos 12 meses, motivados principalmente por salarios, estabilidad y oportunidades de desarrollo. Este dato se cruza con el informe de la OIT, que advierte que la región requiere al menos 7 millones de nuevos empleos formales por año para absorber a los recién ingresados al mercado.

El panorama no es lineal: la digitalización y la transición verde generan sectores en expansión, pero la macroeconomía restrictiva y la inflación prolongada erosionan la calidad del trabajo. La incertidumbre divide el mercado en dos velocidades: polos dinámicos de alto valor agregado y amplias franjas de precarización.

La fotografía del mercado laboral actual revela un escenario en transición permanente. Los vectores globales de cambio (inteligencia artificial, sostenibilidad y nuevas formas de organización del trabajo) conviven con las tensiones propias de cada economía. En el caso argentino, los desafíos asociados a la informalidad, la caída del poder adquisitivo y la volatilidad macroeconómica coexisten con nichos de oportunidad en sectores estratégicos. Esta dualidad marca un futuro inmediato en el que trabajadores, empresas y gobiernos deberán moverse en paralelo: innovar, adaptarse y garantizar marcos de previsibilidad. Más que un destino fijo, el empleo se configura como un territorio en disputa, donde el rumbo dependerá de la capacidad de articular políticas públicas, inversiones privadas y trayectorias individuales en un equilibrio aún en construcción.

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