A menudo surgen factores contextuales que nos conducen a una “contaminación” emocional. Es probable que muchos de los planes que teníamos en mente se pausen o posterguen para otro momento. Y suena lógico, que todo ello lleve a un estado de fastidio, frustración y, naturalmente, a la queja.
Es precisamente la queja uno de los mecanismos más usuales a la hora descargar nuestras emociones negativas a través de, por ejemplo, la catarsis. Y ello puede ser visto como un acto necesario en ciertas ocasiones; el problema surge cuando nos aferramos a la queja y la convertimos en algo habitual, empezando a focalizarnos en lo negativo y convirtiendo ello en nuestro estilo de vida.
Hasta aquí, no puede ser más claro el impacto negativo que genera dicho estado de queja constante en nuestra vida personal pero, ¿qué hay respecto al terreno laboral? Como especialista en Reclutamiento y Consultoría HR puedo decir que es probable que muchos de los objetivos laborales que nos planteamos diariamente no se ajusten de la manera que esperábamos y esto se debe a que suelen existir multiplicidad de variables que no controlamos y que se movilizan en un contexto que es cada vez más volátil.
Siguiendo la premisa planteada, estas variables en constante cambio pueden, o bien convertirse en materia prima para fundar nuevas quejas o, lo que sería mejor, servirnos para reflexionar un poco más acerca de los planes de acción que hemos definido para cumplir con nuestros objetivos y, de ser necesario, plantear nuevas acciones o alternativas para lograr encararlas de la mejor manera posible.
Una espiral continua de quejas no nos lleva a ninguna parte. Por el contrario, nos paraliza al desligarnos de cualquier responsabilidad. El problema “está afuera” y, desde allí, “no hay mucho más que se pueda hacer…”. Dicho con otras palabras, nos convertimos en víctimas de nuestra propia realidad y eso atenta contra nosotros mismos.
¿Cuántas veces nos ha ocurrido de participar de reuniones extensas en donde todos los protagonistas expresan un sinfín de quejas?
Soy partidario de que la existencia de confianza al interior de cualquier equipo es fundamental para poder expresar este tipo de sentimientos, ya que el no expresarlos no impedirá que sigan existiendo y sumará el problema adicional de que los mismos sean aún más difícil de tratar por dicha “condición de invisibilidad”. Sin embargo, también creo importante que estos sentimientos (en forma de quejas) puedan ir acompañados luego de acciones que enfrenten (en un buen sentido) la problemática. Y, lo valioso será que esas acciones puedan construirse de manera cooparticipada entre los miembros del equipo.
De esta forma, la queja puede convertirse a través de la dinámica de equipo en un disparador, en una oportunidad para probar hacer algo distinto y que haga crecer no solo al que la ha generado sino también a todos los que han participado de la solución a la problemática.
¿Y qué sucede si esas nuevas alternativas planteadas no solucionaran la problemática?
Creo que las opciones a esta pregunta ya han quedado claras, ahora sólo resta que vos la respondas.
El autor es Recruitment & Sourcing Manager y Head Hunter