Eliminar las paredes de las oficinas fue un furor, pero no funcionó como se esperaba

Durante años, las empresas derribaron divisiones y eliminaron despachos privados, incluso los de sus directivos, para promover la colaboración y la horizontalidad. Sin embargo, distintas investigaciones revelaron problemas de concentración, privacidad y comunicación. Ahora, el diseño de los espacios laborales está cambiando nuevamente

Hubo una época en la que las paredes de las oficinas parecían tener los días contados. Las empresas comenzaron a derribar tabiques, eliminar despachos individuales y reunir a sus empleados en grandes espacios abiertos. La transformación alcanzó incluso a los máximos directivos, que en muchas organizaciones abandonaron sus oficinas privadas para compartir escritorios con el resto de los equipos.

La tendencia, que se expandió con fuerza durante las primeras dos décadas de este siglo, tenía una promesa atractiva: menos barreras físicas significarían menos barreras jerárquicas, mayor comunicación, más colaboración y mejores resultados.

El modelo, conocido como open space u oficina de planta abierta, se convirtió en uno de los símbolos de la modernización empresarial. Las compañías tecnológicas contribuyeron a popularizarlo, mientras que las organizaciones más tradicionales comenzaron a adoptarlo como una manera de transformar sus culturas de trabajo. Pero con el paso de los años aparecieron las primeras dudas. El ruido, las interrupciones constantes, la pérdida de privacidad y las dificultades para concentrarse comenzaron a cuestionar algunas de las supuestas ventajas del modelo.

Lo más sorprendente fue que distintas investigaciones encontraron que eliminar las barreras físicas no necesariamente aumentaba la comunicación entre los empleados. En determinadas circunstancias, incluso podía producir el efecto contrario.

Hoy, después de la expansión del trabajo híbrido y de una profunda transformación en las formas de utilizar las oficinas, muchas empresas están revisando aquella apuesta. La privacidad vuelve a ganar importancia, aunque con una lógica diferente de la que predominaba en las antiguas oficinas corporativas.

La investigación que puso en duda las oficinas abiertas

Uno de los estudios más influyentes sobre este fenómeno fue publicado en 2018 por Ethan Bernstein y Stephen Turban, investigadores vinculados a Harvard, bajo el título The impact of the ‘open’ workspace on human collaboration. Los investigadores analizaron dos empresas que habían pasado de oficinas tradicionales a espacios abiertos. Para medir los cambios, utilizaron dispositivos electrónicos capaces de registrar las interacciones personales, además de analizar los intercambios por correo electrónico y mensajería instantánea.

Los resultados fueron inesperados: las interacciones cara a cara disminuyeron aproximadamente un 70% después de la eliminación de las barreras físicas, mientras que aumentó la comunicación digital. La investigación mostró que una mayor exposición visual no necesariamente generaba más colaboración. Por el contrario, los trabajadores parecían responder a la falta de privacidad reduciendo sus interacciones personales y recurriendo con mayor frecuencia a los canales electrónicos.

El estudio, publicado en Philosophical Transactions of the Royal Society B, no demostraba que todas las oficinas abiertas fueran perjudiciales, pero cuestionaba una de las premisas centrales que habían impulsado su expansión. 

En 2019, Bernstein volvió sobre el tema en un artículo publicado en Harvard Business Review, junto con Ben Waber, en el que profundizó sobre la relación entre los espacios físicos y el comportamiento de los empleados. La conclusión era que la colaboración no podía obtenerse simplemente modificando la distribución de los escritorios. La manera en que las personas interactúan depende también de la cultura organizacional, las características de las tareas y la necesidad de preservar cierto grado de privacidad. 

El problema de trabajar siempre a la vista de todos

La eliminación de las paredes modificó profundamente la experiencia cotidiana en las oficinas. En los espacios abiertos, las conversaciones telefónicas, las reuniones informales, los desplazamientos y las interrupciones de los compañeros pasan a formar parte del ambiente de trabajo de todos los empleados. Esta disposición puede facilitar ciertos intercambios espontáneos, pero también dificulta las tareas que requieren períodos prolongados de concentración.

La falta de privacidad tiene, además, otras consecuencias. Una conversación confidencial con un superior, una entrevista laboral, una reunión sobre remuneraciones o una videollamada con información sensible pueden resultar difíciles de realizar en un espacio compartido.

El problema adquirió mayor visibilidad con la expansión de las reuniones virtuales. En muchas oficinas, empleados que comparten un mismo ambiente participan simultáneamente en distintas videollamadas, con las molestias acústicas que eso genera. El informe Global Workplace Survey 2026, de la firma internacional de arquitectura y diseño Gensler, confirma que estas dificultades siguen presentes.

El relevamiento, realizado entre 16.459 trabajadores de oficinas de 16 países, encontró que los empleados dedican, en promedio, el 39% de su tiempo laboral a tareas individuales y el 27% a actividades de colaboración presencial. Sin embargo, dos tercios de los encuestados reconocieron que deben improvisar soluciones para compensar las deficiencias de sus espacios de trabajo. Los problemas de ruido, la disponibilidad de salas de reuniones y la privacidad visual figuran entre las dificultades identificadas. 

El estudio también detectó que más de un tercio de los empleados utiliza salas de reuniones para realizar tareas individuales que requieren concentración, una práctica que reduce la disponibilidad de esos ambientes para actividades grupales. 

Las oficinas están cambiando otra vez

Las críticas al modelo abierto no significan que las compañías estén reconstruyendo los antiguos despachos individuales. La transformación actual parece avanzar hacia una organización más diversa de los espacios, en la que conviven sectores abiertos, salas de reuniones, ambientes silenciosos, cabinas para llamadas y lugares destinados al trabajo colaborativo. Este enfoque suele denominarse activity-based working, o trabajo basado en actividades. Su principio es que los empleados puedan utilizar diferentes espacios según la tarea que necesiten realizar.

Una reunión de equipo requiere condiciones distintas de una conversación confidencial, una presentación virtual o una actividad que demanda varias horas de concentración.

Los datos de CBRE, una de las principales compañías internacionales de servicios inmobiliarios corporativos, muestran cómo está cambiando la distribución de las oficinas.

Según su programa de análisis de espacios laborales, las áreas destinadas al trabajo individual representaban el 56% de la superficie analizada en 2021, pero esa participación cayó al 35% en 2025.

Al mismo tiempo, los espacios compartidos de apoyo, como salas de reuniones y ambientes para proyectos, aumentaron un 35%, mientras que las superficies destinadas a servicios y encuentros informales crecieron un 120% desde 2021. 

Estas cifras muestran que las empresas no están reemplazando simplemente los espacios abiertos por oficinas cerradas. La tendencia es reorganizar las superficies para ofrecer una mayor variedad de ambientes. La necesidad de privacidad sigue presente, pero ahora se busca resolverla mediante espacios que puedan ser utilizados por diferentes empleados, en lugar de asignar necesariamente un despacho individual a cada uno.

¿Y qué pasó con las oficinas de los jefes?

Una de las expresiones más visibles del auge de las oficinas abiertas fue la eliminación de los despachos de los directivos. Sentar a los gerentes y a los empleados en un mismo espacio se convirtió en un símbolo de horizontalidad. La ausencia de paredes pretendía transmitir cercanía, accesibilidad y una menor distancia entre los distintos niveles de la organización. Pero la revisión actual del diseño corporativo también está obligando a reconsiderar esa decisión.

Los directivos necesitan mantener conversaciones confidenciales, tratar información sensible y participar en reuniones que no siempre pueden realizarse en espacios abiertos.

Sin embargo, la solución no necesariamente consiste en devolverles sus antiguas oficinas.

Un informe de CBRE de 2026 muestra que los despachos privados continúan fuertemente asociados con las jerarquías empresariales. Entre las organizaciones relevadas, el 87% reserva principalmente esas oficinas para directivos que tienen otros líderes a su cargo.

El mismo análisis plantea que esta distribución puede generar ineficiencias, especialmente cuando los ejecutivos pasan buena parte de su tiempo en reuniones o fuera de la oficina y sus despachos permanecen desocupados. 

La alternativa consiste en distribuir los espacios de privacidad según las necesidades del trabajo, en lugar de hacerlo exclusivamente en función del cargo. Así, un empleado que necesita concentrarse, un gerente que debe mantener una conversación confidencial o un equipo que prepara una presentación pueden acceder a ambientes cerrados sin que estos pertenezcan permanentemente a una persona.

La nueva oficina busca recuperar el equilibrio

La pandemia y la expansión del trabajo híbrido aceleraron la revisión de los espacios corporativos. Cuando una parte de las tareas individuales puede realizarse desde el hogar, las empresas necesitan reconsiderar para qué utilizan sus oficinas. La colaboración presencial, los encuentros entre equipos y la construcción de vínculos siguen siendo funciones importantes. Pero eso no elimina la necesidad de disponer de lugares adecuados para trabajar individualmente.

El estudio global de Gensler de 2026 muestra que los empleados encuestados pasan, en promedio, el 55% de su semana laboral en oficinas, el 18% en sus hogares y el 26% en otros espacios, como instalaciones de clientes, lugares de coworking o durante viajes laborales. 

La oficina continúa ocupando un lugar central, aunque su utilización es diferente de la que predominaba cuando cada empleado acudía diariamente a un escritorio asignado. En ese escenario, el diseño del espacio físico vuelve a adquirir relevancia para la experiencia laboral, la productividad y la gestión del talento.

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