Cuentan las Escrituras que la Torre de Babel se derrumbó cuando los hombres dejaron de entenderse. Desde entonces, los idiomas han sido tanto puente como frontera: nos unen en la curiosidad por el otro, pero también nos separan cuando el diálogo se vuelve imposible.
Hoy, en un mundo globalizado, las organizaciones enfrentan su propia “Babel corporativa”: equipos distribuidos en distintos países, culturas y husos horarios que sólo logran crecer si encuentran un lenguaje común. En ese contexto, el dominio de idiomas se consolida como una de las habilidades más poderosas del talento moderno, no solo por lo que permite comunicar, sino por la mentalidad abierta que despierta.
De eso sabe bien Paulina Frigo, Marketing Manager de EF Education First, quien llegó a la compañía con la idea de quedarse tres meses antes de viajar a Australia, pero tres años después sigue allí, convencida de haber encontrado un propósito: cambiarle la vida a las personas a través de experiencias que combinan aprendizaje, crecimiento y conexión humana. Desde su rol, lidera iniciativas que promueven el valor de los idiomas como motor de desarrollo personal y profesional. “En un mundo sin fronteras –explica–, los equipos con habilidades lingüísticas permiten una comunicación efectiva interna y externa, además de la construcción de relaciones comerciales sólidas y una mayor competitividad internacional”.
–¿Cuál es tu visión respecto de la relación entre la capacidad de comunicarse en varios idiomas y la construcción de culturas organizacionales más inclusivas y colaborativas?
–Vivimos en una época en la que la inclusión es uno de los valores más importantes dentro de las empresas. En ese sentido, el idioma deja de ser una barrera y se convierte en un puente. Fomenta la creatividad, el pensamiento crítico y la posibilidad de analizar distintos escenarios desde los ojos de otras culturas. También permite comunicar valores y estrategias a interlocutores diversos, fortaleciendo los vínculos internos.
–En un mundo atravesado por la transformación digital, ¿qué nuevas competencias deberían acompañar el aprendizaje de idiomas para potenciar realmente a los equipos?
–La inteligencia artificial puede ser una herramienta útil para aprender idiomas, pero el verdadero aprendizaje ocurre cuando hay vínculos humanos. Incentivar la idea de vivir el idioma es un potencial que los avances digitales no podrán vencer: experimentarlo en las ciudades donde se habla, con nativos y personas de todo el mundo. Hay que salir al mundo para dominar naturalmente un idioma.
–Más allá de lo instrumental, ¿qué impacto tiene el aprendizaje de idiomas en la confianza, la empleabilidad y el liderazgo?
–No hay líder exitoso sin confianza en sí mismo, y esa cualidad no es posible construirla si no se cuenta con competencias. Una de las más relevantes hoy es la lingüística. Hablar otro idioma amplía la perspectiva y refuerza la seguridad personal.
–¿Cómo deberían las organizaciones responder al deseo de los jóvenes talentos de vivir experiencias globales?
–Todas las empresas deberían ofrecer oportunidades de desarrollo internacional. Ya sea a través de traslados, programas de intercambio o experiencias de aprendizaje en el exterior. Esas vivencias transforman al empleado en lo profesional, pero también en lo personal. Al mismo tiempo, para las generaciones más jóvenes que buscan otros desafíos, puede ser una herramienta diferencial para la conservación de talento.
–¿Cuál es el vínculo entre diversidad, equidad e inclusión y la posibilidad de generar equipos multilingües?
–El aprendizaje de idiomas es, en sí mismo, una forma de inclusión. Bertil Hult, fundador de EF, sugiere que el mundo es mejor cuando las personas tratan de entenderse entre sí.
–¿Cómo imaginás el futuro del aprendizaje de idiomas en el trabajo, considerando la irrupción de la inteligencia artificial y las tecnologías de traducción?
–La IA ayuda en la comprensión de textos o en la escritura, pero todavía está lejos de resolver el speaking y el listening en tiempo real. El idioma sigue siendo una experiencia profundamente humana.
–¿Qué rol juega el inglés hoy y qué otros idiomas ganan relevancia?
–El inglés sigue siendo el idioma puente entre empresas del mundo. Luego, depende del mercado: por ejemplo, en América Latina, el portugués se vuelve cada vez más estratégico.
–¿Qué pueden aprender las organizaciones de la educación internacional para fortalecer la formación de talento?
–Que, aun en empresas globales, el desarrollo del talento es más efectivo cuando se impulsa localmente. Los líderes en cada país comprenden mejor su contexto, y cuando eso se combina con recursos globales, se logran resultados reales. La colaboración entre equipos internacionales es clave para el crecimiento.
–En tu experiencia, ¿qué motiva más a las personas: aprender un idioma como herramienta profesional o como experiencia de transformación personal?
–La transformación personal. La herramienta profesional llega como consecuencia. Aprender a través de experiencias y vínculos reales es una diferencia radical en la incorporación de la lengua.
–¿Qué prácticas recomendás para que las áreas de RR.HH. incorporen el aprendizaje de idiomas en planes de carrera sostenibles?
–Recomiendo ofrecer a los empleados la posibilidad de realizar cursos de idiomas en el extranjero. Algo que llamamos life changing language travel experiences, porque realmente cambian vidas.
–Si tuvieras que imaginar al “empleado global” del futuro, ¿qué rol ocuparía el dominio de idiomas en su perfil?
–Sería central, junto con la inteligencia emocional. Ambos son esenciales para liderar y trabajar en entornos diversos.
–¿Qué desafíos enfrentan las empresas latinoamericanas para incorporar el aprendizaje de idiomas como una ventaja competitiva real?
–El principal reto es dejar de verlo como un beneficio accesorio o un nice to have y empezar a entenderlo como un factor que impacta directamente en el crecimiento y la proyección profesional.
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