Concepción Monje Micharet: “Un robot no necesita sentir emociones, pero sí aprender a interactuar con las nuestras”

Concepción Monje Micharet: “Un robot no necesita sentir emociones, pero sí aprender a interactuar con las nuestras”
Catedrática de la Universidad Carlos III de Madrid y referente internacional en robótica blanda y robótica social, investiga cómo diseñar máquinas capaces de interactuar de manera segura y empática con las personas

Isaac Asimov imaginó hace décadas un mundo en el que los robots convivían con los humanos bajo reglas claras. Hoy esa escena empieza a dejar de ser ciencia ficción. La robótica avanza hacia una nueva etapa en la que las máquinas no solo ejecutan tareas, sino que interactúan con personas, comprenden contextos y se integran en espacios sociales y laborales.

Concepción Monje Micharet

En ese campo trabaja Concepción Monje Micharet, investigadora en robótica y catedrática de la Universidad Carlos III de Madrid, donde dirige el Laboratorio de Robótica Blanda dentro del grupo RoboticsLab. Doctora con Premio Extraordinario, con más de 160 publicaciones científicas y múltiples reconocimientos internacionales, su investigación se orienta al desarrollo de robots asistenciales diseñados para interactuar de manera segura con las personas y adaptarse a entornos complejos. Sus trabajos exploran desde prótesis inteligentes hasta sistemas robóticos inspirados en la naturaleza, capaces de transformar sectores como la salud, la industria o los servicios.

En un escenario empresarial marcado por la automatización, la inteligencia artificial y la necesidad de rediseñar habilidades laborales, la robótica social plantea nuevas preguntas para las organizaciones. ¿Cómo se integrarán estos sistemas en el trabajo cotidiano? ¿Qué implicancias tendrá para la gestión del talento y la cultura organizacional? ¿Qué marco ético y regulatorio será necesario para convivir con máquinas cada vez más autónomas?

−Cuando se habla de robótica social aparece el concepto de empatía. ¿Por qué resulta relevante para la interacción entre personas y máquinas?

−El desafío central de la robótica social consiste en lograr que las personas acepten la presencia de un robot en su entorno. Para eso la tecnología debe ser capaz de comunicarse de una forma que resulte comprensible y cercana. Un robot no necesita experimentar emociones, aunque sí puede simular expresiones que faciliten la interacción humana. Por ejemplo, un dispositivo podría limitarse a indicar que su batería se encuentra baja, aunque también podría expresar que está cansado mediante un gesto o una frase que active un mecanismo de empatía en la persona que lo utiliza. Ese tipo de diseño mejora la aceptación de la tecnología y facilita la convivencia con ella en ámbitos laborales o de asistencia.

−Desde el punto de vista tecnológico, ¿cómo aprende un robot a manifestar ese tipo de comportamientos?

−La base sigue siendo la programación. Un robot cuenta con sensores que le permiten registrar información sobre su estado y su entorno. A partir de esos datos se aplican algoritmos que determinan qué acción ejecutar. Ese proceso puede incluir la simulación de emociones o gestos. Los sistemas también incorporan mecanismos de aprendizaje por refuerzo que permiten ajustar sus respuestas en función de la experiencia acumulada. Si el robot registra interacciones repetidas con determinadas personas o situaciones, puede adaptar su comportamiento para optimizar la comunicación y el uso de sus recursos.

−Uno de los campos que investigás es la robótica blanda. ¿Qué significa este concepto y por qué representa un cambio respecto de la robótica tradicional?

−La robótica tradicional se basa en estructuras rígidas. Sin embargo, en la naturaleza predominan organismos blandos y flexibles que se adaptan con gran eficacia a su entorno. La robótica blanda busca incorporar esa lógica mediante materiales elásticos y deformables que permiten crear dispositivos más seguros y versátiles. Este tipo de robots puede interactuar con personas sin riesgo de generar impactos bruscos y puede adaptarse a espacios complejos o reducidos. Esa flexibilidad amplía enormemente las aplicaciones posibles en distintos sectores.

−¿Qué aplicaciones concretas podrían surgir a partir de esta tecnología?

−La medicina es uno de los campos con mayor potencial. Prótesis y dispositivos asistenciales desarrollados con materiales blandos pueden reproducir movimientos naturales del cuerpo humano y ayudar a pacientes a recuperar funciones motoras. También existen proyectos que exploran robots inspirados en animales, capaces de desplazarse en entornos difíciles o realizar tareas de inspección. Incluso se investigan dispositivos diminutos diseñados para desplazarse dentro del organismo con el objetivo de transportar medicamentos o analizar posibles obstrucciones.

−Desde la perspectiva empresarial, ¿qué impacto puede tener la robótica en la organización del trabajo?

−La tecnología siempre transforma la forma de trabajar. La robótica puede automatizar determinadas tareas y generar nuevos perfiles profesionales vinculados al diseño, la programación, el mantenimiento o la supervisión de sistemas automatizados. Cada avance tecnológico produce ajustes en el mercado laboral. Algunas ocupaciones desaparecen, otras evolucionan y surgen nuevas funciones. La clave consiste en preparar a las personas para adaptarse a esos cambios.

−En ese proceso, el área de Recursos Humanos enfrenta un rol estratégico. ¿Qué desafíos aparecen para la gestión del talento?

−La incorporación de tecnología avanzada requiere profesionales con competencias distintas. Programación, pensamiento lógico, resolución de problemas y capacidad de adaptación se vuelven habilidades cada vez más relevantes. Las organizaciones necesitan fomentar la formación continua y crear entornos donde las personas puedan aprender a trabajar junto a sistemas automatizados. La transformación tecnológica exige inversión en capacitación y una mirada de largo plazo sobre el desarrollo del talento.

−Otro tema recurrente es el debate ético en torno a la robótica. ¿Qué aspectos deberían contemplarse desde la regulación?

−La presencia creciente de robots en la vida cotidiana plantea la necesidad de establecer marcos regulatorios claros. Estos sistemas interactúan con personas, recopilan información y participan en procesos sensibles. Resulta necesario definir responsabilidades, criterios de uso y límites en determinadas aplicaciones. En Europa ya se discuten estos temas en distintos ámbitos institucionales. El objetivo consiste en anticipar escenarios y asegurar que la tecnología se desarrolle de manera responsable.

−A lo largo de tu carrera también participaste en proyectos vinculados al cine, como la película Autómata. ¿Qué rol cumple la ficción en la percepción social de la robótica?

−El cine y la literatura suelen reflejar preocupaciones y aspiraciones de la sociedad. Las historias de robots han explorado tanto escenarios optimistas como distópicos. Esa diversidad influye en la forma en que las personas imaginan el futuro de la tecnología. En muchos casos, la ficción anticipa preguntas que luego aparecen en el desarrollo científico real. Desde la investigación es importante aportar información rigurosa para que el debate social se base en conocimiento.

−Mirando hacia el futuro, ¿qué cambios veremos en la relación entre personas y robots en los próximos años?

−La presencia de sistemas robóticos será cada vez más habitual en diferentes ámbitos. La clave estará en diseñarlos de manera que complementen las capacidades humanas y contribuyan a mejorar la calidad de vida. Cuando la tecnología se desarrolla con ese objetivo, puede convertirse en una herramienta muy poderosa para el bienestar social y para el progreso de las organizaciones.

−Para quienes desean desarrollar una carrera en este campo, ¿qué recomendación sería fundamental?

−La curiosidad y la pasión por lo que uno hace resultan esenciales. La investigación exige esfuerzo y perseverancia, aunque también ofrece la oportunidad de contribuir al avance del conocimiento y al desarrollo de soluciones que impacten positivamente en la sociedad. Cuando existe motivación y compromiso, el camino se vuelve mucho más enriquecedor.

Compartir el post:

Posts Relacionados